lunes, 11 de enero de 2010

Reseña: Emma (Jane Austen, 1815)


Emma
Jane Austen, 1815

Una celestina en la campiña inglesa




Me ha costado empezar esta reseña, por varias razones. La primera razón es que es la primera que hago, y romper el hielo nunca es fácil. La segunda es que Emma es una novela especial para mí. A lo mejor no es la que nombro cuando me preguntan mis libros favoritos, ni es la que me viene a la cabeza como libro de cabecera, y aún así, es especial. Fue el primer libro que leí, no solo de Jane Austen, sino la primera novela de verdad. La primera que leí no porque me la mandaran en el colegio, sino porque quise. La primera que me metió en este mundo, así que parecía justo que fuera la primera en recibir una reseña, aunque esto signifique que vaya a ser torpe. Seguramente mi primera lectura también lo fue. Sin leer la sinopsis ni saber quién era Jane Austen, vi el libro abandonado por casa y lo adopté. Me gustó el titulo y lo abrí, me gustó la primera página y seguí leyendo. Aparentemente sencillo y directo. Como la novela en sí.

Porque Emma no tiene una trama complicada, ni la necesita. Bajo una capa de simpleza, con una trama simple, una niña rica que decide ser la Celestina de un pequeño pueblo de la Inglaterra de principios del siglo XIX y una presentación directa; Austen crea una de sus obras más completas, aunque no de las más reconocidas. Pero, como todas las obras de su autora, pasa desapercibida para lectores poco atentos. Para aquellos que se quedan con el exterior recargado y se pierden la rebeldía latente en cada una de las páginas y de los libros de Jane Austen. Y no lo digo yo, lo dice alguien muchísimo más brillante que la que escribe estas líneas, Virginia Woolf, que escribió que «de entre todos los grandes escritores, la grandeza de Jane Austen es la más difícil de captar». Y esta máxima se ajusta a Emma, porque, si eres capaz de captar todo lo que te cuenta solo con el párrafo que da comienzo a la novela…:

Emma Woodhouse, bella, inteligente y rica, con un hogar agradable y un
temperamento feliz, parecía reunir muchas de las mejores bendiciones de la vida; llevaba viviendo cerca de veintiún años en este mundo sin nada que la agitara o la molestara.


… entonces vas a disfrutar de una gran novela.

Y con este primer párrafo, y pasado un pequeño monográfico de la autora, entramos ya en la novela en sí. Emma pertenece a la segunda época de Jane Austen, es decir, al triplete que compone esta novela junto con Mansfield Park y Persuasión. Esta segunda etapa es menos conocida que la primera (La abadía de Northanger, Orgullo y prejuicio y Sentido y sensibilidad), y, sin embargo, es una etapa más madura y más concreta. Se puede leer esta madurez en los temas tratados, más adultos (como son las intrigas sexuales de Mansfield Park o los remordimientos de la protagonista en Persuasión) y en las tramas y los personajes, que tienen mucha más coherencia y realismo. Emma no escapa de esta madurez, pero lo hace desde una posición más relajada, desde el humor y la ironía, arma que Austen sabía usar con maestría, y que ojalá hubiera usado más. A pesar de ser una novela con mucho humor, el desarrollo de la protagonista, la Emma que da título a la novela, es muy real y muy coherente. El personaje en sí está muy bien construido, y, aunque siendo una niña resabiada, mimada y consentida, terminas queriéndola y equivocándote (mucho) con ella.

La novela comparte muchas cosas en común con otras obras de Austen. Los clásicos triángulos amorosos, en los que la protagonista se encuentra entre dos enamorados (esquema que se repite en Orgullo y prejuicio o Mansfield Park, por ejemplo); el ambiente campestre; o la mencionada capacidad de la protagonista de crecer a través del conocimiento, que es común a todas las novelas de Austen. Todas sus protagonistas recorren un camino que Emma sigue sin dudas, desde la ilusión de ver el mundo desde su perspectiva (las románticas Catherine [La abadía de Northanger] o Marianne [Sentido y sensibilidad], la terca Lizzie [Orgullo y prejuicio], la insensible Elinor [Sentido y sensibilidad]; son todas buenos ejemplos, quizás la única que escapa al esquema es la Fanny de Mansfield Park), terminan madurando y entendiendo el mundo desde una perspectiva más realista. Por supuesto que en la novelas de Jane Austen el final feliz era una obligación para el lector, pero a pesar de esta certeza, el crecimiento de los personajes es apreciable en todas ella, dotándolas de una buena ración de realismo, o del intento de acercarse a él. Emma también hace este recorrido, aunque su camino es seguramente el más divertido de seguir (junto con el de Catherine de La abadía de Northanger); porque con cada equivocación que comete, en lugar de aprender lía más a los que le rodean y a ella misma, hasta llegar un punto en que roza la caricatura, tratado de un modo muy elegante y sutil. Pero Emma aprende, claro. Crece. Aunque no demasiado, solo lo justo, ayudada por el contrapunto de cordura que ofrece el señor Knigthley.

Ciertos esquemas se repiten en la literatura de Jane Austen, pero en esta novela también introduce unas cuantas diferencias. Emma es la única novela que toma el nombre de su protagonista. También es la primera en la que la protagonista es una joven que está en una posición privilegiada (al contrario que las hermanas Bennet de Orgullo y prejuicio, las hermanas Dashwood de Sentido y sensibilidad o la Fanny Price de Mansfield Park, por poner un ejemplo), y también es la primera en la que la narración está centrada en la protagonista, en vez de ser más impersonal y más omnisciente. La que nos guía a lo largo del relato es la propia Emma, que es la protagonista absoluta de la novela y aunque la narración está escrita en tercera persona, no entramos en la mente de ningún otro personaje, es más, de cuando en cuando Emma nos dedica un monólogo en su propia mente. La narración sigue el hilo de pensamiento de la protagonista.

Aunque cómica, la novela tiene sus matices. Las tesituras más cómicas corresponden al padre de Emma, un anciano hipocondriaco, y a la señorita Bates. La trama más dramática recae sobre Jane Fairfax, y la más romántica sobre Harriet Smith.

Si has llegado hasta aquí habrás adivinado que la que escribe es una admiradora de Jane Austen, pero aún así, capaz de ver los defectos de la obra. Lógicamente, es una novela lenta, muy centrada en detalles que, en realidad, no aportan nada a la trama. Los diálogos son el punto fuerte de Jane Austen, y dan ritmo a los capitulo, pero, aún así, en algunos momentos el libro se puede hacer pesado. El ceremonial de los bailes y de la educación vigente en la sociedad nos parece ahora muy arcaico y desfasado, y también restan agilidad a la narración. Pero hay que leer la novela entendida como lo que es: una novela para ser leída y disfrutada sin ningún tipo de prisa y sin necesidad de pasar a leer otro libro. Si no se lee con esto en mente, puede resultar pesada. Pero, en mi humilde opinión, merece la pena empaparse de este mundo, y disfrutar de ella, porque es una novela agradecida, como decía al empezar la reseña, con el lector cuidadoso y atento.

Merece la pena conocer a Emma, a pesar de lo que la propia Austen escribió antes de empezar a escribir la novela: «Voy a crear una heroína que, excepto a mí, no gustará mucho.» Una vez conocida gusta, y mucho. Me alegro de haberla adoptado, hace ya unos cuantos años.

6 comentarios:

Biblioteca Pública de Utrera dijo...

Creo que animar a leer una obra clásica de la literatura de una manera tan notable se merece nuestras más sinceras felicitaciones.

Candela Matterazzi dijo...

Cuantas páginas tiene Emma?

Candela Matterazzi dijo...

Cuantas páginas tiene Emma?

Candela Matterazzi dijo...

Cuantas páginas tiene Emma?

Manuel dijo...

Pués para ser tu primera reseña me gusta mucho. Enhorabuena.

yanineth coromoto hernandez silva dijo...

por casualidad hoy termine de leer a Emma y estoy de acuerdo con todo lo que has nombrado en tu reseña.