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jueves, 25 de febrero de 2010

La Gran Travesía: Historias de una muñeca (La Petite Poupée)

Recuerdos lejanos de una muñeca

¿Cuándo la conocí? ¿Cómo? A veces me lo pregunto, sobre todo cuando pienso en ella, cuando recuerdo su mirada tan limpia como el cielo despejado de una mañana de verano o cuando veo sus fotos, los únicos recuerdos nítidos que conservo de ella.

Como digo, no recuerdo cómo la conocí ni cuándo. Creo que la conocía de antes, que durante años y años la vi en mis sueños pasearse con el paso grácil y rápido con el que acostumbraba a recorrer el mundo. Sé que siempre la tuve presente, antes siquiera de notar su presencia, porque mi corazón sólo podía tener una forma, su forma. Estoy seguro de que no podía ser otra quien tanto me cuidaba incluso antes de conocerla, quien cada noche me mandaba un beso que yo recibía a través de las estrellas sin ni siquiera saber su remitente. No podía ser otra, tenía que ser ella.

Apareció en mi vida de pronto, un día cualquiera, como otros tantos del calendario. Era un día gris e impreciso, tan impreciso como cualquier otro de tantos que tiene el año. Realmente mi memoria no recuerda el día concreto. Ella tenía y tiene el don de caminar de puntillas por la vida para explorar todos los detalles, tocarlos con la punta del dedo y pasar como una exhalación de largo, sin que quede más que el recuerdo de su tacto o el leve roce de su falda.

Sólo puedo recordar pequeñas imágenes de ella, lejanas y borrosas, como si mi mente las estuviese borrando lentamente. Recuerdo instantes fugaces en que la descubría mirándome, con su carita de niña pequeña y su mirada siempre tan curiosa, examinándome de tal forma que creía que podía ver mi interior. Recuerdo que cuando me miraba y se daba cuenta de que nuestros ojos se encontraban, me miraba fijamente, sin parpadear, durante unos segundos. Luego, sonreía y retiraba la vista. Y siempre quise saber porqué lo hacía, porqué sonreía.

En cierto momento de mi vida, que sigo preguntándome cuándo ocurrió todo, ya formaba parte de ella. Pasó de ser una sombra difusa a ser una realidad palpable, algo más que un sueño hecho realidad. Fue algo tan gradual, tan lento, que no me di cuenta de ello. Pero ella ya formaba parte de mí, parte de mi vida. Ya se había hecho un hueco en ella y se había instalado, feliz y sonriente, como siempre.

Fueron tiempos felices. Ella era pequeñita y alegre y alegraba mis días con sus ocurrencias y su risa cantarina y fresca. Recuerdo el tacto de su piel con especial cariño, no hay nada más suave que ella, nada que se le parezca siquiera. Me encantaba el aroma de su piel, a moras, a frutos rojos. No he encontrado perfume que huela, ni lejanamente, tan bien como ella. Recuerdo sus mejillas sonrosadas en contraste con su piel de porcelana. Recuerdo sus ojos, siempre fijos en algo, siempre mirando. Nunca supe qué miraban exactamente.

Me arrepentiré siempre, siempre, de lo que le hice. Era perfecta, ¿cómo pude despreciarla? ¿Cómo pude rechazarla con el tiempo? ¿Cómo pude tratarla como si fuese una muñeca cualquiera? ¿Cómo pude desconfiar de ella? Aún me pregunto porqué lo hice, porqué con ella, porqué. Y sigo sin explicármelo.

Fue la primera vez que vi sus ojos nublarse y su sonrisa desaparecer. Mi muñeca, mi bella muñeca, mi pequeña de porcelana estaba herida. Y a partir de entonces no volvió a ser la misma.

Me disculpé, le dediqué canciones para demostrarle mi sincero amor, que la adoro por encima de todo. Sólo podía disculparme, decirle que la quería, poner el corazón en mi mano y disculparme de nuevo. Pero me miraba y callaba.

Fue cuando me di cuenta de que sus ojos siempre miraban al infinito, siempre. Fue cuando me di cuenta de que el roce de su falda era reconfortante cuando sus sonrisas no estaban. Fue cuando me di cuenta de que sus sonrisas volvieron, pero no estaban dirigidas para mí.

Entonces lo supe: mi muñeca era un espíritu libre. Mi muñeca se estaba alejando de mí, se iba. Y no podía hacer otra cosa más que arrepentirme de todo, pedirle disculpas de nuevo y notar como mi corazón se paraba día a día cada vez que recibía uno de sus silencios a modo de respuesta.

Donde quiera que esté no sé si sabrá que la vi marcharse, pequeñita como siempre, con su vieja maleta marrón en la mano, con su vestido de color beige y estampado de flores de color rojo, con su sombrero de paja con la cinta roja como las flores del vestido, con sus medias blancas, con sus zapatos rojo cereza. La vi irse, con su paso ligero y despreocupado, mirando todo cuanto se encontraba a su alrededor, pero sin volver la vista atrás.

Si hubiese mirado atrás, me hubiese visto, destrozado y hundido. Si me hubiese visto cuando se marchó, hubiese visto cómo deseaba que volviera, que no se fuera, que siguiera viviendo en mí, en mis sueños, que me visitara de cuando en cuando.

Y no sé porqué, pero pienso que todo eso ella ya lo sabía, que ella lo había visto a través de mis ojos. Pero pasó por mi vida, como una exhalación, dejándome el corazón remendado y la vista en el horizonte, esperándola. Por si decide volver a pasearse de puntillas por mi vida. Como a ella le gustaba hacer.

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Relatos escritos por La Petite Poupée (ichirinnohana_is)

jueves, 18 de febrero de 2010

La Gran Travesía: Titulo Provisional (Motherxeruh)

1. VIEJOS AMIGOS




En cuanto la llave entró en el contacto el sonido de la música la envolvió. Aquella voz se mezcló con el ruido del motor y la chica de los ojos marrones fue la protagonista durante el trayecto hasta la estación, incluso cuando dejó de sonar.
“Hiding behind a rainbow's wall,
Slipping and sliding
All along the water fall, with you
My brown eyed girl,
You my brown eyed girl.”
Van Morrison nunca había ocupado un lugar entre sus cantantes favoritos pero aquella casualidad le arrancó una sonrisa. El recuerdo de una amistad de la infancia, aquel ritmo desenfadado y aquellas notas le cantaban que aquellos ojos marrones podrían ser los suyos. Sonrió y suspiró al ver aparecer el edificio.

Allí estaba, en medio del andén, esperando a que su invitado hiciera su aparición.
Sólo él bajó en aquella estación perdida en medio de ninguna parte. Desentonando con todo lo que le rodeaba, lastimando la vista con aquella chaqueta de lino blanco, unas gafas de sol de aspecto carísimo y una maleta negra con ruedas que pedía a gritos ser arrastrada por alguien más acostumbrado a hacerlo.
La sonrisa de Mercedes se ocultó bajo la sombra que arrojaba sobre su cara el ala de un sombrero de paja que, sin duda, había conocido tiempos mejores.
_ ¡Sólo una maleta! ¿Han cabido ahí todos tus zapatos?
_ Bonita manera de recibir a un viejo amigo _ se quitó las gafas para abrazarla con comodidad y contempló la estación desierta _ No es una parada muy solicitada ¿seguro que detrás de esa puerta no se ha extinguido la civilización?
_ ¿Asustado?_ se giró para abandonar la estación_ Menudo cazador de leyendas estás hecho.
El sonido de las ruedas sobre el tosco suelo le confirmó que su invitado le seguía sin necesidad de volverse a mirar. Aquello resultaría divertido. Blas aportaría un soplo de cambio en su monotonía, aire fresco en el aburrimiento perpetuo que sufrían sus días.

Hacía dos años que sus caminos habían vuelto a unirse. Ella, oculta entre la gente que esperaba con paciencia, él inclinado sobre los ejemplares que dedicaba con una sonrisa perfectamente personalizada para cada lector.
Todo un mundo de distancia entre la infancia de mañanas escolares que habían compartido y aquel momento adulto lleno de triunfos y de carteles enormes que anunciaban con vanidad editorial su última portada.
Mercedes tenía que reconocer que se había sorprendido al ver al pequeño Blas convertido en todo un escritor de éxito, aunque el aire snob que había adoptado no le pegara demasiado al Blas que ella recordaba, pero después de todo, la gente cambia su aspecto exterior para adaptarse a los cambios de su vida y ella no era la persona indicada para prejuzgar aquellos cambios drásticos.
Aquella noche se pusieron al corriente de lo más destacado (y lo menos íntimo) de lo que había sido la vida de cada uno. Anécdotas recordadas, risas compartidas y una despedida con la firme intención de no volver a perder el contacto. Promesa incumplida, por supuesto, porque sus vidas volvieron a tomar sus caminos, tan distintos como siempre… hasta 15 antes.
El teléfono de su vivero sonó y la voz de Blas Tenor volvió a meterse en su vida para convertirla en parte activa de la documentación que necesitaba para su próxima novela.
_ ¿Continuas viviendo en ese pueblo pequeño que me contaste? ¿No te habrán contado alguna de esas leyendas oscuras, ya sabes, fantasmas negativos, presencias extrañas, fenómenos inexplicables…? Seguro que sí, esos pueblos son un buen caldo de cultivo para supersticiones de ese calibre.

Mercedes sonreía al volante del todo terreno con aquella conversación telefónica en su mente, contemplando cómo la sorpresa que sintió ante tan peculiar petición ahora adornaba la mirada de su acompañante al ver la carretera sinuosa, estrecha y mal asfaltada por la que circulaban.
_ En tres meses he conseguido: un campanario sumergido que se supone que sigue activo pero cuya campana se ha negado a dejarme a oír su tañido subacuático, una mancha en la pared de una iglesia que me aseguraban que era el mismísimo Jesucristo y que sólo me pareció una mancha en la pared de una iglesia y nada menos que tres pueblos que aseguraban tener su propia chica de la curva _ hizo una pausa para escuchar la risa de Mercedes_ así que imagino que no hace falta que te explique el porqué de mi llamada desesperada.
_ Mi historia es más interesante, pero…
_ ¡¡Alabado sea Dios!!!!_ la interrumpió.
_… pero me temo que pruebas, lo que se dice pruebas, no vas a encontrar. Tendrás que conformarte con las habladurías de los lugareños.
Blas se sacudió la manga de la chaqueta en busca de alguna pelusa inexistente y respiró profundamente para dar un toque teatral a su intervención.
_ Querida, la rumorología siempre ha sido una fuente fantástica para sacar alguna que otra historia jugosa y novelable.
_ ¿Aunque nadie las cuente de primera mano?
_ Precisamente por eso _ sonrió con satisfacción _ Verás, si algo es contado por la prima del hermano del portero que lo supo por una vecina a la que se lo había contado la cuñada de la peluquera de su amiga, la historia llega a tus oídos cargada de aportes “extras” que la harán más literaria y además, estará tan desvirtuada que sería prácticamente imposible incurrir en un delito de plagio.
_ Una lógica aplastante, sí señor. _ y pensó para sí misma que aunque no pareciera tener ni pies ni cabeza, los números arrojados por la venta de su última novela “calma ficticia” parecían demostrar que aquella teoría funcionaba de verdad.

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Relatos escritos por Motherxeruh (Angelical)

martes, 12 de enero de 2010

La Gran Travesía: ¿Eso qué es?






¿Qué es esto de La Gran Travesía? Bueno, pues es un concursito nuevo que nos hemos sacado de la manga... ¿Te llama la atención? Pues lee un poquito a ver si te gusta lo que lees o, si no te apetece leer, ¡baja hasta abajo del todo y saca tu billete!



Funcionamiento y Normas

El tren de Travesía Literaria está a punto de partir rumbo a un viaje a través de las palabras. ¡Saca tu billete y comparte esta aventura con nosotros!
Hay cuatro estaciones o paradas que superar antes de conseguir llegar a nuestro destino, pero no os preocupéis, no hay límites de tiempo y cada uno puede seguir el viaje al ritmo que quiera.

No es un concurso, sino un reto personal, por lo que no habrá ni duelos ni votaciones. Todos somos ganadores, lo único que tenemos que hacer es completar la travesía.


Como en todo, hay unas normas muy básicas y sencillas que hay que tener en cuenta:



  • Se asciende de nivel por medio de relatos. La cantidad de relatos a presentar va ascendiendo en cada estación, pero eso es algo que os iremos explicando en cada fase.

  • Los relatos tienen que seguir un hilo conductor común, no pueden ser historias independientes en cada fase. Nos sirve cualquier cosa que queráis utilizar como conector: vuestra historia gira en torno a un mismo protagonista, a un mismo escenario... la razón que se os ocurra.

  • La historia puede ser totalmente nueva (creada justamente para la ocasión) o podéis serviros de situaciones o personajes de escritos vuestros que ya tengáis publicados. Por ejemplo, centrar los relatos en un personaje secundario de una novela que estéis escribiendo.

  • Cada viajero puede comprar los billetes que desee. Es decir, cada usuario puede participar en “La travesía al centro de las palabras” las veces que desee, sin importar no haber concluido su primera historia. Vosotros mismos seréis los responsables de decidir el número de historias simultáneas que sois capaces de escribir.

  • Como hemos mencionado antes, no hay límites de tiempo. Escribiréis al ritmo que seáis capaces de llevar e iréis publicando los relatos a medida que los vayáis terminando, de uno en uno.

  • Cada nivel tendrá su subforo, por lo que los relatos deberán ir publicados en el subforo del nivel al que correspondan (Los del primer nivel en su subforo, los del segundo en el segundo… etc)

  • Para que los lectores puedan seguir vuestra historia a través de los pisos, sería recomendable que escogierais un titulo común para todas las partes (aunque luego tituléis cada relato con un nombre distinto). No hace falta que sea un titulo complejo, quizás solo el nombre de un personaje, o de un lugar.

  • No podréis pasar a la fase siguiente sin haber completado antes el nivel en el que os encontráis.

En cada estación os iremos explicando con más detalle qué es lo que tenéis que hacer.

¿Queréis subiros a bordo? ¡Pedidnos vuestro billete y poneros en marcha! Esperamos que disfrutéis con La Travesía.





Saca tu billete