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viernes, 10 de septiembre de 2010

GANADOR // sobre viajero nº 6


Sobre viajero nº 6: Terapia de grupo.
Inauguramos la participación en la segunda tanda de sobres viajeros con una terapia de grupo que prohibía usar las conjunciones: y, e, ni, que. Una vez más, Dreamy se hace con la victoria, reconociendo sus defectos más inconfesables ¿o no lo son tanto?... Lee y opina XDDDD


Terapia de grupo

Mi nombre es Sara. Mi mayor defecto es el despiste. Cuando me presentan a alguien, si me lo encuentro al día siguiente no suelo reconocerlo, tampoco saludarlo. También me pasa con los vecinos, en el ascensor saludo, pero en el supermercado ya no los identifico como tal, son caras conocidas pero no sé si de haber hecho la compra más veces allí… Más de uno me toma por estirada. Una vez me crucé en Carrefour con Chiquito de la Calzada, le dije ¡hola! dudando si era vecino, porque me sonaba su cara, para limpiar mi imagen de antipática.
Soy demasiado charlatana, sobre todo si estoy cómoda, aquí es difícil mantener un diálogo conmigo, no dejo meter baza a mi interlocutor, si no anda listo puedo hablar por encima de él.
Cuando discuto, me gusta tener siempre la razón. Si no la tengo, siendo consciente de ello, lo acepto; pero si no lo soy, le doy mil vueltas a la tortilla hasta hacerme con ella.
También odio contradecirme, ello me lleva a intentar buscar mil argucias para no admitir haberme equivocado.
El peor de mis defectos es el orgullo, a veces no me deja vivir tranquila.

Dreamy

sábado, 31 de julio de 2010

GANADOR // sobre viajero nº 10


Sobre viajero nº 10:

El último sobre viajero obligaba a hacer protagonista del relato a uno de esos eslogan publicitarios que a todos se nos pegan aunque no recordemos ni el producto que anunciaban. La victoria ha sido para Dreamy, una vez más, que ha tenido a bien gafar un dia completo en la vida de su personaje XDD. ¿Os apetece un donuts? Quedais invitad@s.



¿Te apetece un día redondo?


Se levantó malhumorada y con el pie izquierdo en alerta. La noche había sido calurosa, y el alboroto de la gente en las terrazas junto con el ruido de los coches, la habían desvelado hasta altas horas de la madrugada. No se le podía pedir más a un lunes tedioso.

Cuando entró en la cocina, encontró a Jaime tomando café y unos donuts, mientras leía un catálogo de productos del supermercado. Se preparó un café y se sentó a su lado sin decir una sola palabra.

_ ¿Te apetece un donuts?
_ No, gracias.
_ ¿No vas a tomar nada, sólo el café?
_ Sí, sólo el café.
_ ¿ A caso no te apetece tener un día redondo?
_ Déjate de chorradas, ya sabes que por las mañanas no estoy de humor.

Ahí acabó la conversación, sin más dilación, cada uno terminó su desayuno, y cuando habían terminado de arreglarse, salieron de casa para realizar sus rutinas habituales. Ella cogió el autobús para ir al centro de la ciudad y él cogió su coche, para ir al trabajo.

Cuando llegó al centro se dio cuenta de que se había dejado el bolso en el autobús, así que se presentó en la oficina de transportes más cercana, para que avisasen al conductor, si no era ya demasiado tarde. Le dijeron que en cuanto terminase la ruta, lo encontrasen o no, se pondrían en contacto con ella.

Decidió volver a casa, sin bolso, tarjetas, ni dinero... no pintaba nada allí. Pero no sabía cómo volver, no tenía ni una sola moneda en el bolsillo para hacer una llamada o para comprar un billete de vuelta.

Al otro lado de la calle, en una cafetería que hacía esquina, vio al marido de Blanca, una amiga suya, sentado en una mesa tomando un café. Le hizo un gesto con la mano mientras esperaba a que el semáforo se pusiese en verde para los peatones y poder cruzar hasta la cafetería. Él no se dio cuenta de su saludo, y siguió tomando su café. Se sintió aliviada, él podría acercarla a su casa. Cuando el semáforo se puso en verde y comenzaba a caminar, una chica pasó corriendo por su lado y casi se la lleva por delante, iba a reprender su acción cuando vio que la chica ya había cruzado, y se había sentado en la mesa del marido de su amiga, plantándole un beso en los morros.

Se quedó petrificada en mitad de la calle, no sabía si tirar para adelante o volver para atrás. Los coches que esperaban comenzaron a pitarla porque ya estaba el semáforo abierto, y ella presa del pánico, para no ser descubierta por ellos, salió corriendo hacia atrás y se alejó de la zona.

No sabía qué hacer, vaya mañanita estaba teniendo. Ahora, más que pensar en el problema de cómo llegar a su casa, le preocupaba el haber descubierto aquella historia. “¡Maldita sea! Esto ha tenido que ser por no comerme el puñetero donuts_ pensó”.

Volvió a la oficina de transportes y les contó su problema, el de no poder volver a casa, cosa que resolvieron amablemente, entregándole un billete de autobús.

Estuvo todo el día dándole vueltas a lo que había sucedido en el centro. No sabía cómo actuar ante aquella situación. A última hora de la tarde recibió una llamada de la oficina de transportes diciéndole que habían encontrado su bolso y que se pasase a recogerlo. Quedó en hacerlo al día siguiente a primera hora, y después llamó a Blanca para quedar después de recogerlo, y desayunar juntas. Había llegado el momento de ejercer de buena amiga y contarle lo que había visto.

Fueron a una cafetería que estaba cerca del trabajo de Blanca, como no había mesas disponibles se sentaron en la barra, y pidieron un café cada una.

_ ¿Qué mala suerte lo de tu bolso no? Menos mal que apareció.
_ Sí, menos mal. ¿Qué tal te va con Andrés?
_ Muy bien, como siempre ¿y tú con Jaime?
_ Yo también, como siempre.
_ ¿Te puedo hacer una pregunta?
_ Claro, mujer, qué cosas tienes.
_ ¿Si tú vieses al novio de una amiga con otra, que harías?
_ No lo sé, eso son cosas muy difíciles de plantearse... Si sólo son novios, o si llevan poco tiempo... no sé, habría que tener toda la información.
_ Esto es sólo una suposición ¿eh? Y si tú fueras la amiga ¿Te gustaría saberlo?
_ Pues depende, si la cosa es seria sí, si es una tontería... ojos que no ven, corazón que no siente.
_ ¿Y cómo sabes si una cosas es seria o es una tontería?
_ ¡Ay chica, qué pesada estás! ¿A quién has visto? ¡A mí no me engañas!
_ A nadie, sólo era una suposición. Vamos a cambiar de tema. ¡Toma un donuts, anda, que dicen en la tele que van muy bien!...

Dreamy

miércoles, 30 de junio de 2010

GANADOR // sobre viajero nº 9


Sobre viajero nº 9

En este sobre había que plasmar una escena que sucediese en una cola de espera y el relato "Llueve sobre mojado" de Gemuca se ha alzado victorioso tras recibir 11 puntazos. ¡¡¡A disfrutarlo!!!!!


Llueve sobre mojado

Odio la lluvia.
Recuerdo que de pequeña, cuando llovía, en vez de divertirme saltando en los charcos del patio como los demás niños, yo prefería escabullirme hasta el hueco que había bajo las escaleras más cochambrosas del colegio. Ahora, veinte años después, siento la misma necesidad de huir de este chaparrón que más bien parece el diluvio universal.
Pero, desgraciadamente, estoy sola ante el peligro.
Bueno, sola, lo que se dice sola, no. Me acompañan las más de quince personas que hacen cola conmigo en la parada del autobús.
Haciendo malabarismos con las muletas, recargo el peso de mi cuerpo sobre la pierna buena. Estoy calada, se me han irritado las manos y me duele terriblemente el pie del esguince. Hoy es uno de esos días en los que siento que no debería haber salido de casa.
Una señora pasa por mi lado y me empuja sin ningún atisbo de culpabilidad. Tengo que hacer grandes esfuerzos por no gruñirla. Ya es lo último que me faltaba… No basta con que no me hagan un hueco en el banco de la marquesina, ni con que tampoco me permitan resguardarme bajo el tejadillo —a pesar de que todas ellas vienen muy bien equipadas con sus paraguas gigantescos—, sino que ahora también tengo que soportar sus empujones.
Y para colmo, el autobús viene con retraso.
—¡Joder, tenga más cuidado! —grito cuando una nueva señora me arrolla desde atrás.
—Oh, lo siento querida —me dice, aunque su expresión anuncia que no lo siente en absoluto.
Con todo el descaro del mundo, se hace con un sitio en el banco, no sin antes desplazar considerablemente a una mujer que se resguarda allí junto con dos gemelas de unos tres años.
Escucho una risa ronca por detrás y me volteo abruptamente. Un muchacho me mira con complicidad, aunque yo no estoy de humor para tonterías y le vuelvo a dar la espalda sin más miramientos.
—Si quieres, te puedo espantar a un par de viejas —me susurra casi al oído.
Con la agilidad que la lesión me permite, intento alejarme todo lo que puedo —odio a los babosos tanto como a la lluvia—, pero me tropiezo con las muletas y el joven me sujeta por el codo para impedir mi caída.
Genial.
—¿Estás bien? —pregunta.
—Estupendamente, ¿no lo ves?
Él vuelve a reírse y yo volteo los ojos. Y entonces hace algo totalmente inesperado: se quita su cazadora y, a modo de toldo, la pone por encima de nosotros.
Le miro atónita.
—Estás empezando a chorrear —me dice, y sonríe con picardía.
Lo cierto es que así estoy un poco mejor, así que no protesto por su excesiva confianza y me relajo.
—Soy Pablo.
—María —contesto.
Y justo cuando estoy por formar mi primera sonrisa, un camión pasa por delante de la marquesina y nos empapa a todos. Pablo maldice y las señoras se escandalizan, pero yo rompo a reír como una histérica, porque ya no soy la única idiota que chorrea agua.

Gemuca

martes, 15 de junio de 2010

GANADORES // sobre viajero nº 8

Sobre viajero nº 8

Dos participantes comparten la victoria en esta ocasión. La petite poupé y Némesis Onix.
La mención especial recayó en Yandros por su originalidad y su vuelta de tuerca para utilizar el menor número posible de palabras.
Os dejamos con estas tres perlitas.



AUSENCIA La petite poupé.

Si de nuevo te veo, tu ausencia me duele. Mis ojos vagan como un condenado a muerte, buscándote al calor de la tarde. Camino a ninguna parte, y más grande me parece el mundo. Espero alguna palabra tuya, que nadie la frene. Mientras, seré fuerte.











ECLIPSE DE AMOR
Némesis Onix.

Cierro fuerte los ojos de nuevo, es tarde.
Tu alma parte y tu ausencia deja este vacío grande.
No hay palabra que calme este condenado corazón,
porque sin ti no soy nadie.











NANORÉCORD Yandros.

_PARTE:
OJOS; AUSENCIA GRANDE
__FUERTE PALABRA,
__CONDENADO.
__NADIE NUEVO


miércoles, 26 de mayo de 2010

GANADOR // sobre viajero nº 3


Sobre viajero nº 3: "Arrancando sonrisas"

Este sobre obligaba a crear versos con rima infantil y machacona y nuestra viajera Dreamy nos ha arrancado más que sonrisas con su poema "Érase una travesía..." que ha resultado ser todo un homenaje a nuestra "comunidad foreril" XDD.
¿Dispuestos a reiros? ¡¡Adelante!!



Érase una travesía...


Un buen día, un relato me decidí a escribir
y apareció en mi vida una institutriz,
a un buen sitio, a aprender, yo te voy a llevar
porque tus escritos los puedes mejorar.

Me vi envuelta, entonces, en una travesía
que pasaporte y visa también incluía
allí me encontré con unos cuantos viajeros
que una calurosa bienvenida, todos me dieron.

En el tren, Gema y María, son las conductoras
y motherxeruh con ilusión, es la revisora
Yandros, LPP, Atichrista, Irati y los demás...
...¡Este increible viaje será el no va más!

Decidi, ya que estaba metida aquí dentro,
aprovechar al máximo todo mi rendimiento
de no dormir me han acusado
por querer estar hasta en el estofado.

He ganado un par de torneos o tres
Y encima ahora me ha salido un siamés,
¿qué más le puedo pedir a este viaje?
sabiendo que subí a él sin equipaje.



Dreamy


lunes, 10 de mayo de 2010

GANADORES / sobre viajero nº 6


Sobre Viajero nº 6: "Veo, veo ¿qué ves?"

Esta vez, el sobre viajero obligaba a meternos en la mirada de esta niña y, a través de ella, a plasmar (en menos de 200 palabras) su pensamiento. Dos nuevos textos se han alzado con la victoria, presentándonos dos enfoques muy distintos: el de Yandros y el de Dreamy que con 9 puntos cada uno se han proclamado ganadores del sobre.
¿Os apetece adentraros en sus pensamientos infantiles?



Entre sombras

Papá llora mucho. Todas las noches cuando me voy a dormir, lo oigo llorar en el cuarto de al lado. Me abraza muchas veces durante el día y cuando antes de dormir le pregunto cuándo va a venir mamá siempre me dice: “Mamá se ha ido al cielo hija mía, me dijo antes de irse que te quiere mucho y que estará siempre a tu lado”. Y después me acuesta, me arropa, me da un beso y sale de la habitación para que no le vea llorar.
Me asomo a la puerta de su cuarto y no sé si acercarme a darle un beso y decirle que no llore más, que mamá no se ha ido al cielo, que está aquí con nosotros, junto a él. Pero tengo miedo.
Mamá me llama, pero tiene una voz rara. Suena lejos, muy lejos. Sonríe pero está triste. Sus ojos están tristes, apagados. No sé porqué papá no la abraza, está a su lado, pero no parece verla…


Yandros



Danza de la noche


No me gusta dormir sola en mi cama.
Mi habitación me da miedo cuando llega la noche.
Mientras mamá está conmigo, leyendo un cuento y dándome un beso de buenas noches; mi cabeza está tranquila, me siento reconfortada y feliz. Pero cuando se marcha y apaga las luces, aunque veo reflejada en el pasillo la luz del salón, donde están ellos; empieza mi desasosiego.
Las sombras de mis juguetes se transforman en espectros bailando una lúgubre danza en la oscuridad.
Los crujidos de la madera, ampliados por el silencio, me hacen sentir que las sombras en medio de la penumbra han cesado su ritual reparando en mi presencia asustada.
Entonces me levanto y me acerco hasta la puerta del salón donde mis padres, ignorantes de mi estado de miedo, miran la televisión tumbados relajadamente, pensando que yo descanso en un dulce sueño.
Les miro fijamente desde el marco de la puerta con la esperanza de que se apiaden de mi mirada y me hagan un hueco en su refugio, libre de sombras y de espectros de la noche.

Dreamy


** Dreamy creó una versión de su micro más "infantilizada".
Si te apetece leerla, adelante.

lunes, 26 de abril de 2010

GANADOR / sobre viajero nº 4


Sobre viajero nº 4: "Todo tiene su principio"

Con un título obligatorio y una manera original de crear una historia a su alrededor, Dreamy y Yandros se han hecho con la victoria empatando a 9 puntos el vuelo de sus mariposas. Así que esta vez tenemos dos pequeñas joyas para deleitarnos.
Disfrutadlos.




Donde mueren las mariposas


Permanecía sentada al lado de su cama desde hacía más de una semana. A menudo le hablaba y le contaba momentos de su vida juntos. Otros, simplemente callaba y le observaba, escuchando el leve ruido del respirador y el monitor. Esos sonidos eran como una especie de cantinela, un murmullo de su interior. Al principio ese rumor la atormentaba. Era el sonido del sufrimiento, del dolor. El recuerdo del momento que, por un descuido que tuvo el conductor del coche que le adelantaba, hizo que el de Rubén saliese despedido de la calzada. Era el sonido de la soledad y el desamparo; pero también de la espera y de la esperanza.

Recuerdo una vez, cuando era pequeña, que llegó a casa con una caja de zapatos llena de gusanos de seda. Eran minúsculos y raquíticos. Todos los días se iba en busca de hojas de morera, con su caja a cuestas. Allí donde iba ella, se llevaba sus gusanos. Los sacaba de la caja, se los ponía en la mano, los colocaba en fila... Alguna vez la encontré con el brazo lleno de gusanos, “ ¡Son pulseras vivientes, mamá, mira!" Me decía.

Poco a poco, cada gusano fue haciendo su capullo. Le expliqué que de ahí se sacaba la seda, y ella se quedó maravillada. Dijo que eran los animalillos más fantásticos del mundo. No le conté que cuando se abriera el capullo, el gusano se habría convertido en mariposa, quise mantener la emoción para que se llevase una grata sorpresa.

El día que abrió la caja y se encontró tres mariposas revoloteando, tiró la caja por los aires y se puso a gritar como una loca. Por más que lo intenté, no supe cómo consolarla. Me sentí culpable por no haberla advertido, olvidé que quizás era demasiado pequeña. Dijo que odiaba a las mariposas, que eran insectos asquerosos con alas y que se habían comido a sus gusanos. Más tarde, comprendería la verdad, y nos reiríamos millones de veces recordando esta historia.

Siendo ya una adolescente, observé que todavía les guardaba rencor a las mariposas. Nunca lo admitiría, pero era acercarse una, por muy blanca y bonita que fuese, y Marta salía despavorida como si de una avispa se tratase.

Tenía diecisiete años cuando llegó a casa un día, muy eufórica y me contó que miles de mariposas revoloteaban en su estómago. Rubén, un chico de su clase, era el dueño de todas ellas.

El día que Marta le contó a Rubén su efímera historia con los gusanos de seda y su atropellado encuentro con las mariposas, este, no pudo parar de reír. Al día siguiente, Marta se presentó en casa con una mariposa de papel, en la mano, que él le había fabricado. No dejaba de observarla, embobada, parecía como si creyese que en cualquier momento echaría a volar. Quizás ya lo hacía por dentro, en su corazón.

Durante todos estos años, Rubén le ha ido regalando mariposas de papel, casi me atrevería a decir que una por mes, de todos los colores, tamaños y texturas. Más de cincuenta mariposas que ahora reposaban en una caja, en una habitación de hospital, sobre su regazo, esperando a que él despertase y poder retomar su vuelo.

Yo no me atrevía a romper ese silencio, me limitaba a permanecer a su lado callada. Hay dolores del alma que ni siquiera una madre puede calmar. La mía, discordando con la suya, rebosaba de felicidad. Hubiese querido no sentirme así y compartir más parte de su sufrimiento, pero en mi corazón prevalecía la dicha de no haberla perdido, de que ese trágico día el destino hubiese tenido otros planes para ella y hubiese decidido que no montase en el coche de Rubén.

El día que él despertó, ella se había quedado dormida, sentada a su lado, como siempre, con su caja de mariposas en el regazo. Fue la madre de Rubén la que se dio cuenta, nos abrazamos, lloramos, gritamos, llamamos a las enfermeras. Rubén nos observaba como hipnotizado, asustado. Los médicos desalojaron la habitación, querían hacerle un examen.

Quiso el destino ese día, romperle el alma a Marta en mil pedazos. Nunca la había visto tan desolada, ni siquiera cuando le dijeron que había entrado en coma, ahí al menos, le quedaban esperanzas. Cuando los médicos nos comunicaron el parte, Marta no pudo más, se acercó a Rubén que la miraba fijamente, le dio un beso en los labios, puso la caja en la cama, a su lado, sacó la primera mariposa que le regaló y posándola en su mano le dijo “Algún día, a pesar de lo que dicen los médicos, puede que vuelvas a sentir sus alas en tu corazón”

Al salir del hospital, compró un ramo de flores y me pidió que la llevara al lugar del accidente. Le dije que eso no estaba bien, que Rubén no había muerto, tan sólo habían muerto sus recuerdos. “No son para Rubén, mamá, son para las mariposas”

Ironías de la vida, cuando nos bajamos del coche, y nos acercábamos al sitio del accidente, mientras yo observaba algunos restos de cristales que se habían quedado olvidados en el suelo, Marta observaba el ramo de flores que llevaba abrazado, con mucha atención. Una mariposa blanca se había posado en una de ellas. Esta vez no se asustó, no gritó. Esta vez sonrió, la contempló y lloró. Quiso el destino, tal vez, devolverle la esperanza.


Dreamy



Donde mueren las mariposas



Las normas dejan de tener sentido cuando las contemplas desde la desesperación. Supongo que muchos lo han intentado antes que yo, pero la fuerza de la esperanza debilita la razón. Una pequeña luz, un destello lejano en medio de esta oscuridad indescriptible es todo lo que necesito para seguir caminando. Estoy vigilado, pero me siento más listo que ellos, más fuerte que todos, invencible, indestructible…
Hace décadas que se restringieron los viajes al pasado, siendo ahora reductos de una época dorada en la que el ser humano viajaba a contemplar la verdad de la historia. Visto desde la retrospectiva que nos brinda el presente, el ser humano fue muy ingenuo al suponer que la posibilidad de volver a vivir el pasado no supondría un paso atrás para la humanidad; las personas no dejaban atrás sus recuerdos, querían revivir una y otra vez aquellos momentos felices con sus familiares y amigos, querían recrearse una y otra vez en un pasado muerto. El ser humano necesita seguir adelante, y es la distancia en el tiempo la que pule nuestros recuerdos para que sus aristas no sigan desgarrando los hilos de nuestra alma.
Muchos intentaron saltar la barrera, trastocar el pasado, influir en él a pesar de la campaña de concienciación social y la multitud de ejemplos gráficos que mostraban las catastróficas consecuencias de modificar el pasado. “El batir de las alas de una mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo” era una frase acuñada en la sociedad Pretemporal para describir una de las premisas fundamentales de un sistema caótico. Cualquier variación en las condiciones iniciales de un sistema caótico puede implicar que el sistema evolucione de forma totalmente diferente.
La humanidad no estaba preparada para viajar sin dolor por la escala temporal, y quedaba anclada en sus recuerdos, de una forma mucho más viva que en cualquier otro momento de la historia. Los intentos de saltar la barrera energética que separaba el observador de la realidad muerta se multiplicaban, y no hubo más remedio que restringir el acceso tan sólo para estudios históricos de vital importancia…
Me ha costado quince años. Estudiar Historia, hacer el Doctorado, crearme una fama mundial, una reputación intachable, mientras estudiaba Ingeniería Temporal. Todos creen que soy un genio pero la gente no sabe de lo que es capaz el ser humano cuando tiene un objetivo claro. Lo abandoné todo para alcanzar mi meta.
Aún la sigo recordando como el primer día. Y sin necesidad de viajes temporales escucho el eco de su risa melódica en mi cabeza, la luz de sus ojos perfora mi alma herida, que no ha dejado de sangrar. La esperanza de recuperarla se hace más fuerte porque mi lógica, ahora irónicamente irracional, me dice que el destino no debe ser tan cruel como para permitirme llegar hasta aquí sin recompensa. Tiemblo sólo de pensar en escuchar palpitar de nuevo su corazón junto al mío. No me importan las consecuencias; ella murió en el tiroteo que por accidente sesgó su vida cuando perseguían a aquel viajante temporal. El último que intentó saltar una barrera temporal.
Nadie la recuerda. Los “daños colaterales” son rápidamente olvidados, pero sus ojos vidriosos antes de morir aún estrujan mi corazón hasta exprimir la última gota de sangre, su último suspiro entre mis brazos aún perdura en mi recuerdo, aislándome de toda realidad y día tras día me he levantado con la misma esperanza; volver a escuchar su voz, volver a sentir su aroma, su aliento, sus besos. Cada día me he levantado con la esperanza de volver a vivir y abandonar este oscuro sendero de eterno dolor.
No temo al caos. Me he convertido en un ser egoísta e irracional. No me importa que una insignificante mariposa acabe con la humanidad si con ello vuelvo a escuchar su voz. Estoy frente a la barrera temporal generada para mi propio estudio, estoy en el instante antes del tiroteo y ya nos veo paseando despreocupadamente. Su risa, siempre su risa inocente y angelical...
Es el momento. Quince años para un segundo. Enciendo mi anulador de campos temporales y con la mano derecha apunto a la cabeza del francotirador. Quizás todo siga igual, quizás todo cambie…pero mi mariposa volverá a batir sus alas…

Yandros

lunes, 29 de marzo de 2010

GANADOR / sobre viajero nº 5


Sobre viajero nº 5: "Mi yo egocéntrico"

Un sobre, la primera persona y un reloj. Es todo lo que ha necesitado Yandros para alzarse como vencedor de este sobre con 11 puntazos. Disfrutad de sus letras.

Condenado


Me quedé mirando fijamente a aquel enorme reloj de pared. Me aislé de los sonidos del exterior, de la luz mortecina de la habitación, del gélido ambiente de aquella noche invernal, del olor a rancio de la moqueta enmohecida bajo mis pies, del sabor amargo de la tensión en mi boca…sólo existía ese reloj y yo, en un duelo quizás imposible para un mortal.
Toda mi vida había sentido algo en mi interior que me impulsaba a parar ese viejo reloj. Se burlaba de mí. Él disimulaba cuando lo miraba de reojo, hastiado de su tic tac incesante, de su repicar en las horas punta con ese sonido grave y pesado. Ese reloj, vetusto y añejo se reía de nuestras vidas, siempre intentando escapar del tiempo para al final acabar en sus brazos.
Pero de repente, aquel tosco péndulo se quedó suspendido en un ángulo imposible. Miré las enormes agujas y comprobé que el segundero se había quedado temblorosamente fijo, asombrado quizás de una parada que el universo no tenía prevista. Me asomé presuroso a la ventana que daba a la calle y, triunfante, comprobé que la vida se había congelado en aquel segundo victorioso; las pardas hojas de los chopos habían quedado suspendidas en el aire mientras dos niños se perseguían en una carrera ahora terminada sin ganador ni vencido. De repente, una angustia infinita me recorrió el alma, y ahogando un grito de terror desesperado, volví al reloj, intentando forzar de nuevo su maquinaria para que retornara el sempiterno correr de los segundos. No lo conseguí.
No sé si alguien leerá este diario, porque, en esta cruel ironía, he escapado del yugo del Tiempo para formar parte de él. Ahora comprendo que era mejor ser esclavo que condenado. Demasiado tarde.

Yandros

lunes, 15 de marzo de 2010

GANADORA / sobre viajero nº 1


Sobre viajero nº 1: "El libro que me marcó"

En esta ocasión, se alza con la victoria María que, a partir de la primera frase de "El ruido y la furia" de William Faulkner, ha creado esta pequeña joya. Disfrutadla.


Tierra de nadie



A través de la cerca, entre los huecos de las flores ensortijadas, yo los veía dar golpes. Levantaban el mazo y golpeaban la pared rítmicamente, sin descanso, creando una danza hipnótica. La superficie lisa se resentía con cada una de las embestidas, hasta que por fin se rindió y se derrumbó, abriendo un enorme agujero que dejó al desnudo la sala con sus sillones color vino y su mesa de madera, tan oscura que jamás pude tocarla con mis dedos sin temor a dejar una huella traidora. Todos los muebles estaban cubiertos con una capa de polvo blanco. Ahora podría tocarla. La habitación saludaba al exterior, con su aspecto dantesco. Era extraño verla bajo la luz directa del día. Una combinación de polvo, escombros y esplendor, que encajaba de un modo grotesco con las vidas que se habían vivido allí. Los obreros consumaron aquella violación consentida, terminando de descubrir aquel insólito cuarto. Cayó sin oponer resistencia, descubriendo a la vista de todo el que quisiera mirar el interior de la casa; que se había puesto sus mejores galas, mostrando su cara más grotesca, con capas de maquillaje y colores estridentes. Pobre chiste en pie. A través del hueco de la pared, dos hombres entraron sin limpiarse las botas de la tierra mojada del jardín. Un acto tan irrespetuoso a la casa en la que se me había enseñado lo que significaba esa palabra. No pude evitar un dulce cosquilleo de placer en la piel de la nuca.
Los muros se derrumbaban y yo, desde mi escondite infantil, los veía caer con una sensación culpable y deliciosa. Caían esos muros, al fin. Los muros de la inmovilidad, los muros de la autoridad más autoritaria. Muros caducos. Caían y dejaban tan solo una nube blanca con sabor a yeso y aroma de rebeldía. No fui yo quien los tiró, sino su propia terquedad, pero sí podía ser espectadora de lujo de su caída. Más violadores vestidos con un mono azul entraron detrás de sus compañeros pisando la alfombra que en su día solo pisaron las más exclusivas suelas. El barro de sus zapatos se estaría mezclando con el verde musgo de la tela, supuse. Las piedrecitas incrustadas en ese barro rayarían la noble madera del suelo.
Se escuchó un gran estruendo, y, a través del muro derruido, alguien lanzó un cadáver de un mueble, puede que una cómoda, que voló unos segundos antes de aterrizar sobre las complicadas flores. El ruido me llegó más apagado, se alejaba de mí, pero aún se podía escuchar el avance destructor de las botas sucias por la casa. A través de la verja, entre los huecos de las flores aplastadas, yo los oía dar golpes.

María

lunes, 22 de febrero de 2010

GANADORA / Sobre Viajero nº 2


Sobre viajero nº 2: "Juego de niños"

En este sobre había que plasmar un diálogo entre niños que se enfadaban entre juegos. El texto presentado por Gema se ha alzado con la victoria tras recibir 9 puntos. ¡¡Que lo disfruteis!!!


Jugando al escondite

Jorge: ¡Por mí y por todos mis compañeros y por mí el primero!
Carmen: ¡NO! ¡No vale salvar!
Jorge: Sí que vale, lista.
Carmen: Pues ya no juego, que no quiero quedármela otra vez.
Lucía: ¿Qué pasa?
Jorge: Que Carmen se ha picao.
Carmen: ¡Mentira!
Pablo: Jo, Carmen, siempre te picas.
Carmen: ¡Sois unos tontos!
Lucía: Yo puedo quedármela, no me importa…
Jorge: No, le toca a Carmen.
Carmen: ¡Que no!
Álvaro: ¡Quero jubar!
Carmen: ¿Y tú qué haces aquí? ¡Vete con mamá, enano!
Álvaro: ¡No! Yo juebo.
Lucía: Cuantos más seamos mejor, ¿no?
Carmen: ¡Pero es pequeño!
Álvaro: ¡NO! ¡Soy gande!
Juan: ¡Álvaro! Dice tu marre que te acabes las galletas.
Álvaro: No quero más.
Carmen: ¡Obedece a mamá! Toma las galletas, y no pued… ¡pero no las tires al suelo, animal! ¡Y tú no te rías, Pablo!
Pablo: ¿Por qué? El enano es divertido.
Álvaro: ¡No soy enano!
Pablo : ¡AY!
Carmen: ¡Álvaro, no empujes o me chivo a mamá!
Álvaro: ¡No te chivas!
Jorge: ¿Jugamos o no? Me aburro.
Carmen: Jugamos, pero que los pequeños se vayan.
Lucía: A mí no me molestan…
Juan: ¿Jugamos al burro?
Jorge: No, es aburrido.
Pablo: ¿Qué es el burro?
Jorge: El burro… ya sabes: silencio en la sala, que el burro va a hablar, el primero que hablo burro será y el tiempo empieza ya.
Carmen: Pues vaya rollo, ¿a quién le gusta jugar a estar en silencio?
Jorge: Se le ocurrió un día a nuestra cuidadora porque está harta de escucharnos gritar todo el rato, pero al tonto de mi hermano le gustó el juego.
Carmen: Puff.
Juan: ¡Burros! Jaja.
Jorge: ¡No estamos jugando, Juan! Anda, vete con Ana y llévate a Álvaro.
Juan: ¿Por qué no podemos jugar?
Carmen: Porque sois pequeños.
Lucia: Podemos buscar un juego que nos guste a todos.
Carmen: ¡No seas pesada, Lucía!
Jorge: ¡No te metas con ella!
Carmen: ¿Es tu novia?
Jorge: ¡NO!
Carmen: ¡Uhhh, a Jorge le gusta Lucía!
Lucía: Yo no le gusto a Jorge…
Jorge: ¡Cállate, Carmen!
Carmen: Al pimiento colorado azul y verde, el señorito Jorge casar se quiere…
Pablo: No quiere que se sepa quién es su novia, la señorita Lucía, que es una pimp…
Jorge: ¡Callaros los dos!
Carmen: Jajaja, ¿quién es el que se pica ahora?
Jorge: Si vas a seguir haciendo el tonto yo me voy.
Lucía: ¿Por qué no jugamos a las carreras?
Carmen: Uff, no me gusta correr.
Pablo: Jope, Carmen, a ti no te gusta nada.
Carmen: ¡Tengo una idea! ¡Que corran los pequeños!
Juan: ¡Sí, sí, yo quiero correr!
Pablo: ¿Y nosotros qué hacemos?
Carmen: Les vemos.
Jorge: Pues vaya aburrimiento.
Carmen: ¡Qué va! Es como las carreras de coches, pero en vez de con coches con los niños.
Lucía: A mí también me parece aburrido.
Carmen: Yo soy del equipo de mi hermano y Jorge del suyo y el que gane tendrá que hacer lo que el otro diga.
Pablo: ¿Y Lucía y yo?
Carmen: Sois los espestadores.
Lucía: Espectadores.
Carmen. ¿Qué?
Lucía: Que lo has dicho mal y es…
Carmen: No importa. ¿Jugamos o no?
Jorge: ¿Qué tendré que hacer si Álvaro gana?
Carmen: A ver… pues, por ejemplo, besar a Lucía.
Jorge: ¡NO!
Carmen: ¿Te da miedo perder?
Jorge: No, pero no pienso besar a una chica.
Pablo: Lucía no te va a morder, tío.
Jorge: Vale, pero si gana Juan tú tendrás que besar a Pablo.
Pablo: ¡Eh, a mi no me metas!
Carmen: Vale, no me importa.
Pablo: ¿No te importa?
Carmen: Es solo un beso, ¿tú nunca das besos?
Jorge: Pero tendrá que ser un beso de novios.
Pablo: ¡Puaj, qué asco!
Carmen: Vale.
Jorge: ¿Vale?
Carmen: Vale. Tú también le tendrás que dar un beso de novios a Lucía.
Lucía: ¿Y si jugamos a otra cosa?
Jorge: No, no, está bien. Juguemos a las carreras.
Carmen: Guay. ¡Álvaro, ven, ponte aquí!
Álvaro: ¿A qué vamos a jubar?
Carmen: Vas a correr y le tienes que ganar a Juan.
Álvaro: ¡Yo siempre gano a Juan!
Juan: ¡Mentiroso!
Álvaro: ¡Ma’ llamado mentiroso, Carmen!
Carmen: ¡Chtss! A ver, poneros aquí. El que primero llegue antes hasta los columpios gana.
Álvaro: ¡Yo voy primero!
Jorge: No, vais los dos a la vez.
Álvaro: No.
Carmen: No te pongas burro, Álvaro. Cuando yo cuente hasta tres vostr…
Álvaro: ¡Pone la pata donde Juan para que no salga primero!
Carmen: No voy a poner la pata en ningún sitio.
Álvaro: ¡A veeer!! ¡Pone la pata donde Juan!
Juan: Pero es que Álvaro se va a colar.
Jorge: Carmen, si tu hermano se cuela no vale.
Carmen: ¡Mi hermano no se va a colar!
Álvaro: Pero el primero soy yo.
Carmen: Que niño más pesado…
Jorge: Salís los dos a la vez y el primero que llegue gana, ¿vale? Y no vale empujar, Álvaro.
Carmen: ¿Por qué se lo dices a mi hermano? ¡Díselo al tuyo también!
Jorge: Es tu hermano el que empuja y se pica siempre, igual que tú.
Carmen: ¡Eso es mentira!
Pablo: ¿Vais a jugar o no? Lucía y yo nos aburrimos.
Carmen: Vamos a jugar. Venga, a la de tres empezáis, eh. ¡Uno, dos y…!
Lucía: Oh, Carmen, tu madre te hace señas.
Carmen: ¡Jolines! Nos marchamos ya…
Álvaro: Pero yo quero correr.
Carmen: Pues corre hasta donde mamá. ¡Hasta mañana chicos!
Jorge: Mañana jugamos, ¿eh?
Carmen: Sí, sí. Decidme adiós cuanto entre al coche.
Lucía: Yo también me voy. ¡Nos vemos mañana!
Jorge: Hasta mañana, Lucía.
Pablo: Nos hemos quedado solos, ¿qué hacemos ahora?
Jorge: ¿Jugamos al balón? Las chicas nunca quieren.
Pablo: ¡Guay! Pero yo me pongo de portero.
Gema

martes, 2 de febrero de 2010

GANADORAS / Sobre Viajero Nº 7

Sobre viajero nº 7: “De notas y versos”


En este sobre, inspirado en la canción “Tal para cual” de Luz Casal, se ha producido un doble empate en la primera posición. Los textos presentados por Luna y por Ireth se hicieron con 11 votos cada uno, por lo que en este sobre tenemos dos flamantes ganadoras.

Disfrutad de sus textos.




Tal para cual


—No, no debimos casarnos tú y yo.
Tal afirmación cayó el saco roto. Los ojos marrones con aquellas motitas de rebelde verde la miraban fríos, inmóviles. Rosa negó con la cabeza, mientras se dibujaba una sonrisa en sus labios. Se levantó y levantó la lámpara que se había caído entre voces y reproches.
—No, porque en realidad no me quieres —no esperó respuesta—. Ni yo tampoco a ti, no te creas. No te culpo, no.
Los indiferentes ojos la siguieron por el cuarto, espacioso, elegantemente decorado. Un par de libros en el suelo, recogidos diligentemente, una planta puesta de pie. Hay que recoger la tierra. Rosa suspiró. Abrió la ventana, y el frío aire de enero empezó a llenar la habitación.
—No, no hace falta que recojas tampoco —escoba en mano, barrió tranquilamente—. No lo has tirado tú, ¿verdad?
Paró un segundo, y los ojos del sofá se fijaron en ella, solo un segundo. Rosa ladeó la cabeza y volvió a su tarea. El suelo volvió a brillar, perfecto.
—Tampoco te pido que hables, me gusta que escuches. Nunca escuchas, ¿sabes?
La habitación volvió a recuperar su elegancia desnuda. Pocos adornos, un par de plantas estratégicamente colocadas, ángulos rectos y líneas suaves. Unos libros sobre la mesa hablaban del gusto por la lectura, un par de LP’s de Miles Davis del gusto por la buena música, y un ajedrez de cristal terminaban la estampa de perfección estilizada. Un espejo en la entrada reflejaba la habitación, haciendo de tarjeta de visita para cualquier visitante. La imagen de Rosa cruzó por el espejo, y desapareció en la cocina.
—No, nunca escuchas. Antes sí, ¿te acuerdas? Sí, me escuchabas. Quizás yo también tenía más que decir. A lo mejor a ti te gustaba más lo que decía.
Abandonó la cocina y fue a la entrada, abrió la puerta y comprobó el marco. A pesar del golpe recibido, cerraba bien. Un poco de serrín en el descansillo. Rosa lo recogió en su palma, y colocó el tiesto color tierra que flanqueaba la puerta. Una cabeza apareció al otro lado del descansillo, oportunamente. Rosa saludo con un movimiento de cabeza y una sonrisa y desapareció en su propia puerta, cerrando la puerta con delicadeza.
—Un poquito de serrín —abrió la mano y le mostró la palma—, sí, no hace falta que digas nada. No debí dar el portazo. Lo di por ti, ¿sabes? Parecía lo que había que hacer.
Se sonrió a sí misma y tiró el serrín en un tiesto. Giró sobre sus pies y contempló su reino, su apartamento tan impersonal que a la fuerza hablaba de ella. De ellos. Todo en su sitio.
—Qué boba —rió—, tirarlo todo para volver a recogerlo. Si lo hubieras tirado tú, igual no me sentiría tan tonta —añadió con el mismo tono alegre, una broma—, ¿no crees? Podías hacer eso por mí, la próxima vez. Gritar, tirar muebles… ser, ¿cómo me llamas? Ah sí, melodramática. Sí, un poco más dramático.
No miró al sofá. Se sentó en una silla y sacó un cigarro del bolso. Cuidadosamente lo encendió, dio una calada y lo posó en el cenicero de piedra, que se manchó de ceniza. Comprobó sus uñas, había que retocar el pintauñas. Luego. Cogió el cigarro y cruzó sus piernas.
—Eso te gustaba de mí. Que estaba viva, decías. Ya no te gusta tanto, ahora es incómodo. No encaja, ¿a qué no?
Bajó, y limpió un poco de ceniza que cayó en la mesa.
—A mí me sigues gustando —confesó—. Sigues igual. Tan correcto, tan callado… Pero menos. Porque antes sabía lo que pensabas, sin que me lo dijeras, ¿sabes? —Sonrió distraía— Como cuando me dijiste que me querías, la primera vez, en aquella habitación de motel… Yo ya lo sabía, ¿te sorprende? Tan orgulloso, tan serio. Entonces sí que te quería, en aquella habitación tan fea… Era fea, ¿verdad? O no, la memoria lo cambia todo, a su gusto, ¿verdad? Sí, ya me acuerdo, era bonita, y se veía el mar. ¿Era el mar o la montaña?
Con aquella pregunta sin respuesta, Rosa calló. Tranquilamente terminó su cigarro, lo apagó en el cenicero, tan negro. Lo observó un segundo. Blanco sobre negro, qué bonito. Le gustó el efecto y lo dejó, presidiendo la mesa. Se levantó y se dirigió al sofá, se inclinó y acarició el pelo rubio sucio, el objeto de su caricia de estiró y abrió los insolentes ojos. Emitió un ruidito de placer, y sacó su lengüecita rosa y áspera para besar la mano de Rosa, que rascaba su mentón. Rosa se incorporó y sonrió; y el gato protestó. Con aquel maullido, el animal volvió a ser animal, y Rosa volvió a estar sola en el apartamento. Al menos por unas horas, cuando él, tan callado, tan serio, volviera a casa.
—A ti sí te quiero —musitó ella, y le rascó entre las orejas, antes de acostarse en su preciosa cama, y soñar con aquel cuarto que daba al mar.


Luna

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Joaquín y Lucía, tal para cual



Con la cabeza apoyada sobre su brazo derecho dejó que su mirada recorriera por enésima vez la habitación. Sabía que no conseguiría conciliar el sueño fácilmente, y eso tenía poco que ver con estar durmiendo en el sofá de la sala y mucho con el hecho de sentir que aún le temblaban las manos de rabia.
Recordó la primera noche que pasó en ese sofá. Durmiendo solo, con ella en la habitación de al lado. Absurdo, ridículo, estúpido… Se había quedado sin palabras para definirlo y había entrado en su habitación a mitad de la noche, susurrando un ‘lo siento’ y abrazando a una Lucía temblorosa por el llanto que también lo sentía.
Se había casado lo suficientemente joven como para que el hecho de poder dormir con ella cada noche fuera recompensa sobrada.
Giró sobre si mismo apoyando la mejilla sobre el apoyabrazos a la vez que la manta que rodeaba su cuerpo se enredaba entre sus piernas. El aire frío que acarició su espalda le resultó agradable.
No sabía en qué discusión había dejado de sentirse herido para empezar a hartarse. Tampoco recordaba en qué momento los arrebatos violentos de Lucía habían dejado de invitarlo a apaciguarla para dejarlo indiferente.
Se le escapó una sonrisa al recordar la primera vez que ella arremetió contra la vajilla. Había sido casi cómico verla recoger con el ceño fruncido la fuente de lasaña para estrellarla contra el suelo. Con menos de un año de matrimonio había visto amor en ese gesto, se había sentido culpable por haberla hecho esperar, se había disculpado; y no había sido la única vez.

Tumbada en medio de la cama con los brazos extendidos cerró los ojos y se concentró en el agradable frescor de las sábanas de algodón. De repente el silencio del apartamento se le antojó atronador. Giró la cabeza hacia la mesa de luz de Joaquín y se hizo consciente del molesto y constante ruido de las agujas de su despertador. Lo había comprado hacía ya unos meses para salir del paso después de que ella rompiera el que había sido su último regalo de cumpleaños.
Sabía que un perdón podría ser suficiente. Borrón y cuenta nueva, como ya habían hecho tantas veces. Y sin embargo había algo que no le permitía ir a buscarlo para que volviera a su lado.
Joaquín era la única persona sobre la faz de la tierra capaz de conseguir cualquier tipo de reacción por su parte. La había derretido hacía ya más de diez años con un mero beso y conseguía hacerla gritar de frustración con simplemente darle la espalda.
La ira encendía sus palabras. Palabras sin sentido, pero de punta afilada que hacían daño cada vez que daban en el blanco. Y si era él quien se encontraba delante, ella sabía hacer diana cada vez que tiraba.
Abrió los ojos e imaginó oír el eco de todo lo que se habían gritado en esa habitación. Hacía ya demasiado que habían perdido el respeto el uno por el otro. El amor los había pasado de largo la primera vez que levantaron la voz para hacerse daño, pero ninguno de los dos se atrevía a admitir que quizá no eran tal para cual.

A pesar de la desnudez de sus pies Joaquín sintió que podía contar los pasos de Lucía a través del pasillo. Cerró los ojos para tener una oportunidad de reflexionar, no sabía quién tenía que pedir perdón a quién, pero ni siquiera estaba seguro de que eso importara.
Sintió que Lucía se acomodaba a su lado con delicadeza y le desconcertó la rapidez con la que había atravesado el salón. Instintivamente le rodeó la cintura con el brazo y suspiró con cansancio.
- Lucía… - susurró la palabra haciéndola encajar con el incómodo silencio.
- Mañana.
Observó sus pestañas brillantes por las lágrimas y se sintió miserable por estar dispuesto a hacerle más daño.
- Tenemos que hablar. – Sintió como ella tomaba aire profundamente y casi temió que el espacio del sofá no fuera suficiente. Apretó el abrazo pegándola aún más a él. – Creo que…
- Lo sé. – Levantó la vista y entrelazó su mano con la que él tenía apoyada sobre su vientre – Mañana.


Ireth