viernes, 10 de septiembre de 2010

GANADOR // sobre viajero nº 6


Sobre viajero nº 6: Terapia de grupo.
Inauguramos la participación en la segunda tanda de sobres viajeros con una terapia de grupo que prohibía usar las conjunciones: y, e, ni, que. Una vez más, Dreamy se hace con la victoria, reconociendo sus defectos más inconfesables ¿o no lo son tanto?... Lee y opina XDDDD


Terapia de grupo

Mi nombre es Sara. Mi mayor defecto es el despiste. Cuando me presentan a alguien, si me lo encuentro al día siguiente no suelo reconocerlo, tampoco saludarlo. También me pasa con los vecinos, en el ascensor saludo, pero en el supermercado ya no los identifico como tal, son caras conocidas pero no sé si de haber hecho la compra más veces allí… Más de uno me toma por estirada. Una vez me crucé en Carrefour con Chiquito de la Calzada, le dije ¡hola! dudando si era vecino, porque me sonaba su cara, para limpiar mi imagen de antipática.
Soy demasiado charlatana, sobre todo si estoy cómoda, aquí es difícil mantener un diálogo conmigo, no dejo meter baza a mi interlocutor, si no anda listo puedo hablar por encima de él.
Cuando discuto, me gusta tener siempre la razón. Si no la tengo, siendo consciente de ello, lo acepto; pero si no lo soy, le doy mil vueltas a la tortilla hasta hacerme con ella.
También odio contradecirme, ello me lleva a intentar buscar mil argucias para no admitir haberme equivocado.
El peor de mis defectos es el orgullo, a veces no me deja vivir tranquila.

Dreamy

lunes, 6 de septiembre de 2010

Ganador torneo 01 /ciclo 03


Torneo 01. Ciclo 03 // Viajes en el tiempo

Con sus primeros pinitos en el mundo de la Ciencia Ficción, Dreamy se ha convertido en la ganadora del primer torneo de nuestro tercer ciclo. Un "Puente del Ártico" que lleva a un viaje en el tiempo que no te dejará indiferente. ¿A qué esperas?


Puente del Ártico

Paseaba distraído por las calles de la ciudad. Todos los días se sentía en un bucle de constante rutina. Se levantaba temprano para atender una pequeña tienda de aparatos electrónicos, que había heredado de su tío, al otro lado de la ciudad. Nunca le había gustado ese trabajo, a pesar de haber pasado casi toda su infancia metido en aquella tienda. Su padre murió cuando él era casi un bebé, y su tío era lo más parecido a un padre que había conocido. Él siempre le animó a mirar alto, por encima de las nubes le decía, y si no lo consigues siempre te quedará esta tienda. A él, al pequeño Sebas, siempre le había interesado la evolución de las especies. Todos los libros que sacaba de la biblioteca trataban de lo mismo. _ La biodiversidad es muy valiosa_ le relataba a su tío, sentado en una silla detrás del mostrador._ cada especie tiene un papel importante en el ecosistema ¿lo sabías?_ y le daba un mordisco al bocadillo, mientras pasaba la página… Sebas acabó licenciándose en Biología.

Se tomó muy en serio sus estudios, y aprendía robándole horas y horas al sueño. La biología le fascinaba tanto que se acabó convirtiendo en una especie de obsesión. Le informaron sobre una beca para el estudio del calentamiento global en el Ártico, serían tres o cuatro años viviendo allí. Sólo concedían una plaza para toda España y él tenía grandes posibilidades de conseguirlo, no sólo por sus aptitudes, sino porque iba muy bien recomendado, se la disputaban entre cinco candidatos.

No lo consiguió. Dos días antes de la prueba final de acceso a la beca, falleció su tío. Llevaba varios días sin dormir, le venció el cansancio y el sufrimiento por la pérdida, hasta tal punto que cuando llegó a la entrevista se quedó bloqueado y no tuvo fuerzas para entrar al examen. Nunca se perdonó aquel error absurdo, rendirse a las puertas de conseguirlo le torturaba día y noche, no sólo porque defraudó a todos los que le rodeaban, sino porque sintió que su tío falleció engañado, pensando que la plaza estaba en sus manos, era como si le hubiese fallado.

Se casó un año más tarde. Sintió lo del Ártico como un fracaso en su carrera y eso le hizo precipitar su rumbo, no quería saber nada del calentamiento global ni de la extinción de las especies, se rindió a su suerte maldita por aquel incidente y la tomó, a su suerte, como el timón de su futuro. Se aferró a la tienda de su tío, como si quisiera saldar una deuda pendiente. Pero su orgullo malherido le seguía recordando, de vez en cuando, que quizás no debió abandonar tan pronto su sueño, que una caída no es sinónimo de derrota, y que podría haber optado a otros proyectos, aunque no hubiesen sido tan interesantes como aquel. Debió seguir alzando el vuelo, pensaba, pero según pasaba el tiempo se le iba haciendo demasiado tarde dar marcha atrás. Tuvo una hija al año de casarse, y ahora, seis años más tarde, esperaban a su segundo hijo.

Podría decirse, que a pesar de aquel episodio, Sebastián es es hombre feliz y afortunado. A simple vista tiene todo lo que un hombre podría desear, sin embargo la cabeza de Sebastián siempre vaga distraída cuando recorre el trayecto hacia su trabajo. Todos los días, menos los domingos, realiza el mismo itinerario, camina quinientos metros hasta la estación de metro, entra en ella, hace dos trasbordos de línea y camina otros doscientos metros hasta la tienda de aparatos electrónicos.

Al entrar en su tienda ese día, mientras giraba el cartel de «Abierto», algo distrajo su atención en el local de enfrente. Ese local llevaba cerrado cerca de 20 años, si no eran más, de hecho sólo recuerda que una vez estuvo abierto como oficina, aunque nunca supo de qué. Muchas noches, a eso de las nueve, cuando él está haciendo la caja, de esa puerta salen tres hombres y una mujer muy bien vestidos que deben entrar muy temprano por la mañana o a la hora de comer, porque él sólo les ve salir; Lo que distrajo su atención fue una nota pegada en la puerta, tamaño folio, escrita con letra de imprenta. Salió de su tienda y se acercó para leerlo, decía así: «Se necesita persona mayor de edad y en buenas condiciones físicas, para experimento científico. Alta remuneración»

Se marchó a su tienda pensativo, preguntándose qué clase de experimento sería aquel que necesitaban realizar. Intentó hacer memoria sobre lo que recordaba de ese local. Cuando era pequeño, él y su amigo Jaime, jugaban en el descampado que había detrás del local, cuando la ciudad aún no había invadido esa zona con la construcción masiva, y eran muchos los barrios que disponían de campo abierto. Él y su amigo pasaban horas y horas, viendo las obras que allí se efectuaban. Nunca habían visto un túnel tan profundo, parecía que iban a construir un parking subterráneo o una línea de metro. Una vez que levantaron el solar, dejaron de interesarse por la obra, y tampoco se paró a preguntarse, por qué ese local siempre estuvo cerrado. En varias ocasiones le escuchó decir a su tío que aquello era una tapadera, pero como no entendía muy bien esa comparación y su tío se limitaba a contestar ¡Tonterías de mayores, Sebas! Pues no le dio más vueltas al asunto aquel.

Quince minutos antes de cerrar la tienda, ya no podía más con la intriga del cartel. Cerró y se pasó por el local de enfrente. La puerta tenía un video portero automático, llamó al timbre e inmediatamente se abrió la puerta. El aspecto que tenía por dentro, no tenía nada que ver con el de fuera. Era una sala diáfana, pintada de blanco, incluso los muebles eran blancos, y lacados en acero cromado en algunas partes de su revestimiento. La mujer, a la que identificó enseguida como la que salía a las nueve con los tres hombres, salió a recibirle.

_ Buenas noches ¿En qué puedo ayudarle?
_ Buenas noches. Venía a pedir información sobre el cartel que tienen en la puerta.
_ Esa información no puedo dársela de antemano, primero tendría que pasar una entrevista y firmar unos documentos de confidencialidad ¿Estaría interesado?
_ No estoy seguro, la verdad es que no sé qué me ha traído aquí exactamente...

Regresó a su casa tres horas más tarde de lo que acostumbraba. Observó que en su teléfono tenía diez llamadas perdidas. Llamó para tranquilizar los ánimos y cuando llegó a casa le ocultó a su mujer lo sucedido, inventando una excusa que su mujer fingió creer.

Antes de acostarse, se acercó a la habitación de su hija, que dormía plácidamente, y le dio un beso en la mejilla, tapándola con las sábanas. Una vez en la cama, se abrazó a su mujer, acomodando su postura a la de ella, que se encontraba de espaldas, y le acarició la barriga, donde su hijo flotaba felizmente, seguramente despierto. La acurrucó contra su cuerpo y se quedó así dormido. Hacía siglos que no tenía unas muestras de cariño tan evidentes.

Esa mañana, mientras paseaba camino del trabajo, todo fue distinto. Recorrió los quinientos metros hacía el metro, respirando y conteniendo en sus pulmones, cada átomo de polvo y polución que desprendía la ciudad. En el vagón observó las caras conocidas ya de tantos años, y sintió el deseo de decirles algo, pero lo reprimió. En los últimos doscientos metros, las piernas le flaqueaban y el corazón se le quedó suspendido en el aire cuando echó el último vistazo a su tienda. No pudo reprimir las lágrimas que se le acumularon en los ojos al recordar todos los momentos felices que allí dentro había pasado desde que era un niño. Se vio reflejado a través de los cristales del escaparate y vio al fondo a su tío cambiando las pilas a un radiocasete, mientras el pequeño Sebas devoraba un libro de animales y plantas, acompañado de un bocadillo. Quizás, pensó, aquella sería la última imagen que vería de su pasar por la vida.


Al cruzar la sala donde había estado la noche anterior firmando los documentos, se encontró con una especie de laboratorio de última generación. Era algo semejante a un laboratorio de la NASA o lo más parecido a una película del futuro.

El experimento consistía en introducirse en algo similar a una cápsula de su tamaño, llena de luces e interruptores por todas partes, y conectada en cada extremo por un centenar de cables de alta tensión. Era una máquina del tiempo, le explicaron la noche anterior. Los físicos que trabajaban en el proyecto habían utilizado la Teoría de los «Agujeros de gusano», (También conocido como el puente de Einstein-Rosen) una especie de atajo desde un punto del universo a otro punto del universo, permitiendo el viaje entre ambos de una forma aún más rápida de la que le tomaría a la luz realizar el mismo viaje, en el espacio normal. Para conseguir estos parámetros, habían utilizado el concepto de la curvatura del espacio-tiempo, planteado en la Teoría de la Relatividad General por Einstein. Según este, dos líneas paralelas pueden cruzarse en un momento dado. El puente, que conectaba la cápsula, estaba formado por partículas de electrones, en términos de túneles de espacio-tiempo unidos por líneas de fuerza eléctricas. Un agujero de gusano, sería en definitiva, un túnel que conecta dos aberturas en diferentes regiones del espacio-tiempo.

_ ¿Cuánto tiempo atrás voy a poder viajar?
_ Eso es algo que no sabemos con exactitud, hemos marcado unos parámetros, basándonos en la velocidad de la luz, pero a la inversa, ya que viajarás hacía atrás. Hemos calculado que serían unos diez años.
_ ¿Hay alguna garantía, por pequeña que sea, de que volveré?
_ Ya te dijimos que no existen garantías. Hemos probado la cápsula tres veces. La máquina absorbe tanta energía que produce apagones eléctricos en toda la ciudad. Tenemos miedo a que hagan un rastreo y nos descubran, trabajamos sin permiso del gobierno.
_ ¿Y qué pasó en esas tres ocasiones?
_ La primera fue un ratón, quedó carbonizado. No te preocupes, eso no sucederá, por eso ahora te ponemos ese traje encima de tu ropa. El segundo fue un perro, tardó unas horas en despertar, pero volvió sin ningún daño aparente, aunque no nos sirvió de nada, nunca supimos si viajó o no viajó. El tercero fue un chimpancé, y el resultado fue el mismo que con el perro. Por eso ahora queremos que sea un humano, para tener información real.
_ Y una vez que llegue allí ¿qué debo hacer?
_ Disfrutar de tu viaje y recordar que en la misma fecha de hoy 6 de febrero de 2010, a las 9 de la mañana, deberás regresar a la cápsula. Allí habrán pasado diez años, aquí tan sólo diez horas. Tu vida volverá a ser la misma, sólo que más rico y con la experiencia de haber revivido el pasado.
_ ¿Algún consejo que me pueda ser útil?
_ Intenta no modificar nada, no estamos seguros de las consecuencias que puede ocasionar cualquier tipo de cambio, y los primeros perjudicados podríais ser tú y tu familia. Según nuestra teoría, tu yo del pasado, en cuanto salgas por el agujero espacio-temporal, se quedará desplazado en otra dimensión, no puedes existir dos veces en el mismo espacio-tiempo. Así que deberás encauzar tu vida en el punto en el que llegues y seguirla como ya lo hiciste en el pasado, es decir, tomar las mismas decisiones que entonces.

Cerraron la cápsula y pensó en todo lo que había sido su vida hasta ese momento, tampoco había estado tan mal. Empezó a arrepentirse en el instante en el que la máquina comenzó a realizar un sonido como el que hace un generador eléctrico, pero multiplicado por diez. Una voz electrónica comenzó una cuenta atrás mientras él repasaba su vida, diez, nueve, ocho, mi mujer... mi hija... lo siento, siete, el hijo que quizás nunca conozca, seis, si el viaje funciona quizás vuelva a ver a mi tío, cinco, mi vida... mis sueños..., cuatro, tres, dos, ...no quiero ir..., uno...

Abrió la cabina de un empujón. Se sentía mareado, desorientado y casi sin fuerzas. Se encontraba en una especie almacén abandonado y oscuro, no tenía una sola ventana. Olía a humedad rancia. Cuando sus ojos se acomodaron a la oscuridad encontró una escalera de subida. Se despojó del traje que le habían puesto, le producía un calor sofocante, y subió los escalones palpándolos con las manos, entre el mareo y la oscuridad, tenía miedo de caer rodando. En la planta superior había una puerta de salida, estaba cerrada con llave pero observó que tenía unos cerrojos verticales, y al abrirlos venció la cerradura. Una vez en la calle el reflejo del sol le cegó por un momento, no sin antes descubrir que lo que tenía delante era la puerta de su tienda. Y detrás, de donde había salido, era el laboratorio. Se acercó a leer un cartel que había en el escaparate de su tienda, decía así: “Cerrado por defunción”

Le habían dado por muerto, fue lo primero que se le pasó por la cabeza. Corrió a su casa sin perder un segundo, pero allí no había nadie y la ciudad le pareció algo distinta de como la recordaba, no sabía qué era exactamente lo diferente, pero nada era igual. Se fijó en el cartel luminoso de la farmacia de la esquina, marcaba la temperatura, ocho grados, y la fecha era 6 de febrero del 2002, no estaba en el 2010, había retrocedido exactamente ocho años. Su tío había fallecido hacía dos días, y si mal no recordaba, ese era el día de su prueba de acceso a la beca. Corrió todo lo que pudo hacia el centro donde se realizaría la prueba. En la puerta se encontró a su mujer que le miró extrañada. La abrazó, la besó, y la alzó y giró por los aires bajo su desconcertante mirada, y se alejó gritando _¡Esta vez lo conseguiré!

Iba pensando distraído, mientras buscaba la sala donde tenía que hacer el examen, que aquella a la que había abrazado y levantado por los aires era su mujer de cuando aún eran novios, no había sido consciente hasta ese momento de que le faltaba la barriga de cinco meses de embarazo. Tampoco se había fijado en la persona con la que acababa de cruzarse. Y ni siquiera se había preguntado, qué hacía ella allí en la puerta esperando. Quizás dio por hecho que le esperaba a él o recordó que así fue la otra vez. Ni siquiera se paró a pensar en las consecuencias, que el científico le advirtió, que podía ocasionarle modificar su pasado.

Sebastián por fin consiguió su beca. Al finalizar la prueba habían reunido a los cinco candidatos y se lo habían comunicado. No podía creerlo, después de todo, aquel viaje había merecido la pena. Cuando salió, miró a su alrededor, pero no vio a Elena por ninguna parte, le pareció extraño que no estuviese allí, en la otra ocasión, ocho años atrás, ella estaba aquí esperando. Quizás no fue que le esperó, sino que al no presentarse al examen, se la encontró de camino, no lo recordaba con claridad. Pensó que podría haberse ido a casa, y dedujo que en ese caso estaría en la casa de sus padres, ya que en el 2002 todavía no vivían juntos. Así que se dirigió hacia allí. Qué extraño se le hacía todo aquello, volver a vivir ocho años de su vida, sin que contasen en tiempo. Él y Elena, por fin se marcharían al Ártico. Y pensó que aquel cambio no podía hacer ningún daño a nadie en su futuro. Lo que le dijo el científico, pensó, eran simples teorías y suposiciones. Qué iban a saber ellos si nunca se había llevado a cabo aquel experimento.

Cuando dobló la esquina de la calle de Elena, hizo una parada en seco. Allí se encontraba Elena en su puerta, abrazada a otro hombre. El corazón se le paró o eso le pareció, al comprobar que el otro hombre era también Sebastián, el Sebastián que no había conseguido la beca. Volvió a dar la vuelta a la esquina, ahora no sabía qué hacer. Cómo podía presentarse allí ante ellos y decir: Hola soy Sebastián, he venido del futuro a robarte la beca y ya de paso me llevo a tu chica... “Esto no podía estar pasando, le dijeron que era imposible”. Pensaba, mientras se alejaba de aquel lugar.

Una semana más tarde, Sebastián viajaba al Ártico. Su vida a partir de ahí transcurrió como había soñado en parte, pero la otra parte, la que había descubierto, tarde, que era la más importante, se encontraba en una dimensión paralela. _¡Maldito Einstein-Rosen y todos los científicos que colaboraron en el experimento! ¡Y Maldita mi estampa por ser uno de ellos!_ Se pasaba la mayor parte del tiempo lamentándose.

Llevaba años soñando todas las noches con su anterior vida. Echaba de menos todos los momentos que no había pasado junto a su familia. Se torturaba pensando que no conocería a su hijo. Si esa teoría de las dos existencias en la misma dimensión había fallado, quién le garantizaba que dentro de unos años podría volver. Sintió envidia del otro Sebastián que ahora ocupaba su vida. Recordaba ahora su tienda con nostalgia ¿Sería esa su maldición, vivir siempre una vida equivocada?

Ocho años más tarde de su viaje en el tiempo, volvía del Ártico e iba camino del laboratorio, como le habían pedido los científicos, para meterse en la cápsula y volver a su vida. No quiso coger un taxi desde el aeropuerto, prefirió coger el metro y hacer el recorrido a pie, como entonces, como en su vida real, la que tanto echaba de menos. Salió de la boca del metro como aquella vez hacía ocho años, respirando cada mota de polvo de esa ciudad que había añorado. Pero esta vez era diferente, no se trataba de una despedida, sino de un regreso. Cuando vio el escaparate de su tienda, sintió que ese momento ya lo había vivido antes, y le recorrió un hormigueo por todo el cuerpo. Se metió en el laboratorio sin pensarlo dos veces, tenía ganas de regresar a su dimensión. Llamó al videoportero y le abrieron.

_ Llega muy temprano, Sebastián, le habíamos citado a las nueve.
_ ¿Saben a qué vengo?_ Le preguntó a la mujer de la bata blanca, mientras miraba su reloj para comprobar que eran las nueve.
_ Pues claro ¿Está usted bien, Sebastián?
_ Yo tengo las nueve ¿Qué hora tiene usted?_ Le preguntó, extrañado, a la mujer.
_ Las ocho.
_ Ya lo entiendo, vengo de Helsinki, y no he cambiado el uso horario.
_ ¿Helsinki? ¿Es un chiste?

En ese momento se dio cuenta de todo, el Sebastián con el que habían quedado no era él, era el de esta dimensión, ellos no sabían nada de la cápsula que le trajo desde el otro futuro y si se arriesgaba a contarles sus vivencias, lo mismo, se quedaba aislado en aquella investigación, ávidos de información le retendrían allí, perdiendo de nuevo la oportunidad de regresar a su futuro, si es que eso era posible.

_ Disculpe, como veo que he llegado con tiempo, voy un momento a mi tienda a resolver unos asuntos y vuelvo en un momento.
_ No es necesario, todo está listo.
_ Insisto, será sólo un momento.

Los medios de comunicación del país amanecieron con la noticia. “Un laboratorio clandestino donde se había fabricado una máquina, sospechan los entendidos que para viajar en el tiempo, había sufrido una explosión tras ponerla en funcionamiento. En el momento del accidente se encontraban cuatro personas dentro del laboratorio, los cuerpos aún no han sido identificados. Se está realizando una investigación para esclarecer los hechos. Se sospecha que dentro de la máquina podría haberse encontrado otra persona y por ello fue puesta en funcionamiento, aunque esto es tan sólo una hipótesis ya que no han encontrado huellas, ni restos humanos en su interior, por lo que se deduce que quizás se trataba de un simple ensayo técnico. La ciudad ha permanecido más de 6 horas sin luz. El lugar de los hechos ha sido también relacionado con otros tres apagones importantes que había sufrido la ciudad en los últimos tres años.”

Este hubiese sido su final de no haber viajado al Ártico. El mirar alto le había salvado de volver otros ocho años atrás y pasar la vida anclado a un pasado que empezaba a detestar. Quería mirar al frente, necesitaba disfrutar su presente e ir descubriendo el futuro y bebiéndolo a pequeños sorbos. En la dimensión de la que él provenía, Elena debió denunciar su desaparición, o pensar que la había abandonado. ¡Pobre Elena! Pensó. Ahora sólo le quedaba el consuelo de reparar el daño a la Elena que tenía delante y que acababa de perder a su marido sin saberlo.

Dreamy


domingo, 15 de agosto de 2010

GANADOR / De relatos y refranes 5


De relatos y refranes 5:

"Quien bien te quiere te hará llorar", este era el refrán en el que había que centrarse en esta ocasión y Tierra Sur consiguió alzarse con la victoria tras versificar toda una historia.
Disfrutadlo XDD


Lecciones de historia

Con el libro abierto y los ojos cerrados,
paseaba mis deseos por la pizarra infinita;
el verde mar donde tu mano diestra,
dejaba secretos mensajes de tiza.

Letras sabias de experiencia,
de lecciones aprendidas,
que yo, con letras dormidas
dejaba en corazones de tinta.

Haciendo del pupitre una frontera,
que tu mirada anhelante no cruzaba,
más mi risa, tu voluntad siempre vencía,
y en rincones escondidos,
tu boca traspasaba.

Allí estabamos los dos,
yo tu alumna, tú el maestro,
tú en mis curvas, yo en tu cuerpo.
Así amaste mi sonrisa ingenua,
Así me atrapó tu voz,
Así se enredaron las palabras,
Así te alcanzó el amor.
¿Dónde irás tú sin mí?
¿Dónde iré sin ti yo?

Al calor de primeros de junio,
cuando el verano apremiaba,
vi en tus ojos el miedo
y en tus labios, tres palabras:
No puede ser.

El juego de lo prohibido,
de actitudes condenadas,
de la edad que me hacía niña
y a los dos nos separaba,
si era tu magia infinita la verdad que me atrapaba,
y no tus años vividos, ni tus canas ¿Qué más daba?

En la noche de San Juan,
cuando el curso terminaba,
prometiste llevarme contigo,
huir al nacer el alba.

Y al amanecer tardío,
junto a aquella ventana,
te esperé impaciente
como quien espera un final feliz que nunca llegaba
y al romper el día,
sólo lloraba…

Tu imagen de mi corazón ausente,
perdido el amor en tu carta,
de papel herido de muerte
donde la tinta asesina en su lecho rezaba:

“Me marcho sin tí, y en tí dejo mi vida,
porque a mi lado tu juventud, sin remedio se marchita,
Debes soñar otros mundos y cerrar nuevas heridas.
Amor. Quizás ahora no entiendas,
de mis lagrimas saladas,
de mi lucha incierta,
de mi huida desbocada
pero entenderás algún día
porqué devolví tus alas”

Tierra Sur

martes, 10 de agosto de 2010

GANADORA / Escribiendo entre raíles


Escribiendo entre railes: junio

El miedo a envejecer era el tema central para este mes y Dreamy y su relato "Un bello rostro" han vuelto a proclamarse claros vencedores.


Un bello rostro

Su mirada ante el espejo era altiva y arrogante. La naturaleza le había obsequiado con una belleza sublime que rozaba la perfección. Ella lo sabía, desde que era una niña había sido admirada por su hermosura y gracia natural, para más tarde convertirse en su principal obsesión. El grado de admiración que despertaba a su paso era tal, que empezó a mellar en su alma, y poco a poco se fue transformando en un ser orgulloso y altanero, incapaz de simpatizar con aquellos que no sentía dignos de su aprecio, tan sólo por no poseer en su fachada, unas cualidades de belleza inmediata. Nunca miraba más allá, con sus cautivadores ojos.

Consiguió encontrar, con mucho esfuerzo, un hombre acreedor de sus encantos. Ardua tarea fue aquella, ya que a cada uno le buscó un defecto, por nimio que fuera, para apartarlo de su vista. Eligió quizás al más elegante, sencillo y noble, no hacía sombra a su belleza, pero tampoco la descompensaba. Su edad, diez años mayor, hacían que ella pareciese aún más joven, y eso era exactamente lo que pretendía.

El aceptó, aunque no de buen grado, su deseo de no tener hijos. Semejante cuerpo y finura, aludía ella, no debe estropearse con algo tan engorroso como un embarazo. Así transcurrían los días, ella admirando su belleza, distante de su pareja y del entorno social, y utilizando mil potingues y ungüentos, para que no se deteriorase su fino rostro del paso del tiempo. Cada vez que el espejo le revelaba una cana o una arruga, emitía un grito histérico y se encerraba colérica en su cuarto con cerrojo, ni siquiera dejaba entrar a su marido que tenía que pasar la noche en otro dormitorio, hasta que se le pasaba la crisis de soberbia, provocada por el espejo.

Las estaciones fueron pasando, y su rostro cada vez lucía más menguado y marchito. Se había quedado sola, encerrada con sus miedos y su miserable vida. Su marido hacía años que la había abandonado, cansado de vivir con un fantasma al que ni de noche veía. Empezó a recordar entonces, lánguida y perdida, tantas oportunidades malgastadas. Echó de menos a familiares, y amigos que nunca conoció. A aquel que la había acompañado, en silencio, durante tantos años y al que no supo amar. Añoró a los hijos que nunca tuvo y que hubiesen llenado su vacía existencia. Pensó en su bello rostro, aquel que una vez adoró por encima de todo, y lloró desconsolada su maldición. Por primera vez en la vida encontró su real desdicha.


Dreamy